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martes, 19 de enero de 2021

¿Vamos muy deprisa?

 El curso continúa, las clases se han retomado (aunque sea, de momento on line) y nuestros alumnos siguen trabajando.

Estos días, tras leer un artículo de Juan José Millás (Véase Un desastre, artículo de opinión de El País, 18 de diciembre de 2020), los chicos y chicas de 1º de Bachillerato han reflexionado sobre lo que significan las prisas, ir al ritmo de vida que vamos y cuánto de bueno nos trae esto.

Os dejo con una de las opiniones. La alumna Clara Sánchez nos muestra cómo ve ella este asunto:

Imagen de Myriams-Fotos en Pixabay 



En verdad, si uno se pone a pensar, llega a la conclusión de que muchas cosas se han perdido debido al ritmo de vida que llevamos, a las inmensas prisas por ir a más, en vez de cuidar, proteger y darle suficiente valor a lo que tenemos.

Antes las cartas eran una forma de mostrar aprecio por la gente a la que se les enviaban. Era algo de lo que quedaba constancia ahí, escrito, sin opción de cambiarlo. Muy diferente a los mensajes de hoy en día que pueden borrarse o eliminarse con facilidad. Cuando alguien rebusca y encuentra esas cartas, esas evidencias de que sí que eran importantes para otras personas, es algo que evoca una grata sensación: releer y releer una y otra vez esas palabras que ya se dicen hasta de memoria.

Lo mismo ocurre con las fotografías, que pocas se guardan ya en papel; y el estar un buen rato mirándolas, tocándolas, resolviendo una especie de acertijo para ver quién era quién, hace que se reviva el momento que quedó plasmado ahí hace tiempo.

Todo eso se vive como las personas mayores recuerdan la guerra, con brillo en los ojos. Y si parte del pasado se rememora como algo trágico, el presente es inquietante.

La sociedad se empeña en avanzar pero, al fin y al cabo, muchas cosas vuelven. La moda, por ejemplo, con los pantalones de campana (iguales a los de hace años), las cazadoras de borreguillo o ese jersey parecido al que te hizo tu madre. Es como un ciclo que da vueltas y vueltas y cambia, pero la esencia permanece. Como si llegara el pasado vestido de presente.

Y es tanto que las tradiciones, las costumbres, todo lo que nos ha hecho ser quienes somos y el estar orgullosos de pertenecer a un lugar, eso que recuerda al tío, eso que hacía la abuela… están en peligro de extinción y puede que sean pérdidas irremplazables.

Porque la única verdad es que somos nuestros recuerdos.

Y es que, frente a todo esto, la gente tiene diversas opiniones: unos sí que apoyan el hecho de vivir cómodamente como vivimos ahora, prefieren tenerlo todo al alcance de la mano, pero otros, en cambio, se ven afectados gravemente por esta situación que estamos generando. ¿Qué pasa con los negocios? El consumo en internet está en su máximo apogeo y se están dejando de lado los mercados, las tiendas… incluso las oficinas y los bancos, pues todo es aprender con los aparatos que tenemos y una vez que se hace eso, en la mayoría de los casos, cada uno gestiona por su propia cuenta los problemas que le surgen. Sí, los repartidores a domicilio, por ejemplo, están en auge ahora pero, ¿qué es? ¿unos por otros? Debería haber más equidad y no abusar, sino igualar.

¿Qué pasa con los móviles? ¿Ese aparatito que nos acompaña hasta para ir a dormir? Pues aunque no nos demos cuenta, o aunque no nos convenga hacerlo, nos está quitando muchas cosas porque sí, es una ventaja y sirve de ayuda pero, ¿cuánta gente lleva un reloj puesto en la muñeca teniendo un móvil para poder ver la hora? Ya ni relojes se utilizan casi, y si es así, son inteligentes.

En comparación a cuando no se manejaban tanto estos dispositivos, se ha perdido libertad y privacidad. Esa que se tenía cuando no había que preocuparse por responder mensajes o por estar al día en redes sociales. Esa desconexión ya no vuelve, porque después de uno va otro y otro y es un no parar de adquirir productos de este calibre. Por el contrario, se ha ganado presión y responsabilidad.

¿Y qué pasa con el lápiz y el cuaderno? Como dicen las abuelas y los abuelos, se nos va a olvidar el escribir, pues ahora lo sustituyen el ruidito de las teclas del ordenador o la vibración en la pantalla de la tablet.

¿Y con los diccionarios? Como nos descuidemos, van a dejar de fabricarlos…

Con la obsesión de querer tenerlo todo al instante, se nos está escapando la vida, no la estamos disfrutando como debería ser.

¿Entonces qué? ¿Es verdad que la gente sí cambia? ¿O solo disimula muy bien? ¿Los años se notan? ¿Se percibe el peso de lo que estamos produciendo?

Para qué ir tan deprisa si una vez que pasa el tiempo, nada vuelve a ser como antes: los amigos, ese refugio frente a la fría soledad; las cenas familiares, ahora con un plato menos en la mesa; ¿sabes esa sensación que se produce cuando das un abrazo a una persona a la que no ves desde hace mucho tiempo? Simplemente… ESA sensación, porque hay abrazos que reinician; los besos, las ganas… el tiempo se escurre entre los dedos de las manos y muchas veces no regresa.

Deberíamos tener el constante pensamiento de que cada momento es único y que no se volverá a repetir nunca de la misma forma. Que cada instante es el último y que hay que exprimirlo hasta el final.

¿De verdad está uno dispuesto a tener que contar en un futuro que su infancia o adolescencia fue a modo de… le doy a este botón y lo tengo enseguida? ¿No sería más bonito poder contar que en vez de conseguir algo sentado en una silla fue la compañía y el recorrido que llevó hasta ello lo que de verdad mereció la pena? Vive una vida que puedas recordar, pero no desde el sofá, sino narrando las experiencias que se llevan a cabo.

Quizás sea hora de empezar a pasar por vicisitudes que sean de carácter positivo y pensar de vez en cuando qué está pasando y qué estamos haciendo. Las prisas no son buenas y se nos olvida que hace falta tomar aire y respirar.


miércoles, 16 de diciembre de 2020

¿Quieres leer algo nuevo?

Una vez acabados los exámenes y cuando las energías están poco más que agotadas, puede ser un buen momento para que ten animes con una lectura nueva, diferente. Hoy te traemos El efecto Frankestein, de Elia Bareceló, una magnífica novela juvenil, ganadora del premio Edebé en 2019.
Es una historia sorprendente: un chico se despierta en una casa en ruinas y su cuerpo está plagado de cicatrices de una intervención de la que él no recuerda nada. 
Con esa mezcla de novela policíaca y gótica, la acción lineal,  te atrapa desde el principio.  y evidenciará las luces y las sombras del ser humano

 

"El efecto Frankenstein abre un eje de diálogo entre dos épocas y nos hace reflexionar sobre la desigualdad de género, tanto en el ámbito profesional como social. Asimismo, como en la obra de Shelley, también reitera la obligación moral de cumplir con las responsabilidades y consecuencias de nuestras acciones"

Si te animas, está en nuestra biblioteca. 


 

lunes, 7 de diciembre de 2020

Manifestamos nuestra repulsa a la violencia de género

Los alumnos de nuestro centro han escrito cartas, relatos, alguna poesía y hasta se han animado con alguna pintura... para celebrar el 25 de noviembre el día en contra de la violencia de género.

Aquí os traemos un emotivo relato, escrito por Raquel Guillén de 1º de la ESO. Un gatito es testigo de los malos tratos hacia su dueña:


Querida gatita: 

Hola, te escribo para contarte lo que me sucedió hace unos meses. Episodios que no pararon de repetirse día tras día. Era un continuo sufrimiento que no llegaba a su fin.


Yo estaba en tu casa cuando unos gritos que provenían del 3º piso me dejaron helado. Bajé erizado las escaleras hasta llegar a esa escandalosa puerta, que tantos secretos ocultaba detrás. Entré a mi hogar por la ventana del cuarto del hijo pequeño de la pareja. 


El aire que se respiraba en esa casa era cada vez más agobiante. La luz tenue que cubría el largo pasillo no conseguía que los golpes y gritos de dolor te escaldalizaran menos. Corrí a esconderme debajo del sofá, porque el miedo que cargaba en mi pecho me volvía demasiado cobarde. 


Un hombre totalmente desconocido golpeando a mi dueña. Ese chico resultó ser su exnovio, al que dejó 3 años atrás. La tiró al suelo y empezó a golpearla dejando marcas de dolor que más tarde se convertirían en moratones llenos de odio.


Otro día estaba durmiendo plácidamente con mi mantita cuando el teléfono móvil del agresor se cayó encima de mí. Me desperté muy rápido al mismo tiempo que mi dueña lo cogía con rabia y se encerraba en el cuarto de baño. Lo amenazó con llamar al 016, y él se puso histérico. Salió del piso esquivando a la multitud que por pura curiosidad estaba plantada en el portal. 


Te escribo ahora porque justo hoy ha denunciado. Ella volvió a ser ella misma, sin esa preocupación. Esos meses ya han pasado y ahora solo queda olvidarlos. 


Esta situación la tienen que sufrir alrededor de 32.000 mujeres al año. Creo que es hora de que este número pare de crecer.


PD: El viernes quedamos y hablamos.

     

                                                                                                    Jackie






Por Manuel Matute, de 1º Bachillerato B


Veinticinco de noviembre,

otro año más ha pasado.

Está llegando diciembre

y nada de esto ha cambiado.


Cicatrices que no cierran,

arañazos que perduran,

ayudas que no llegan,

soluciones que no curan.


Esto no ha terminado:

aquí somos un montón.

Líbrate de ese tarado,

quítale ya el cinturón.

                                                           

Por Pablo Antonio Sevilla, 1º Bachillerato B

Esto es una historia, que en una casa empezaba, Donde había una mujer, Que se escondía acobardada. El hombre no había llegado, Y el hijo le preguntaba: ¿Mamá, por qué lloras? Mientras él también lloraba. Ya era de noche, Cuando el hombre llegaba, Él se fue a la cocina, Mientras ella escondida lloraba. Cuando ella salió, Ella la cara se limpiaba, Ni si quiera le preguntó Y él la insultaba. El pequeño a su habitación se fue, Y por una rendija todo observaba, La madre ni se defendia, Cuando el hombre le pegaba. El pequeño que todo había visto, A la policía llamaba, Para cuando llegaron, La madre muerta se hallaba. Por Daniel Pascual

miércoles, 2 de diciembre de 2020

Ganadores del concurso de relatos de la Reserva de la biosfera


Por fin tenemos a los ganadores, sus relatos y sus premios: 

                                                                     

                                                               

    








Lorena de 1º BachilleratoA. 
Inés de 4º ESO A 
    Adrián de 1º ESO A 







2052

Cuando Turner sintió las manos de su amigo desatar la banda que cubría sus ojos, intentó abrirlos lentamente. Pero la intriga que que llevaba atormentando su estómago desde hacía unos minutos se apoderó de sus párpados y le hizo abrir sus ojos más rápido de lo que debía.

A causa de esto, tuvo que pestañear varias veces para acostumbrarse a la cegadora luz del sol que acaloraba aquella tarde agosto.

En el momento en el que, por fin, sus pulas se regularon, pudo entender a lo que se refería aquel amigo suyo llamado Jesse.

Estaban en un jardín, con una gran fuente en el centro, que se desbordaba y hacía crecer a su alrededor todo tipo de hierbas y flores.

La paredes de piedra que rodeaban el jardín estaban llenas de enredaderas y musgos, de un color verde brillante. Era algo que Turner no había visto nunca, salvo en las fotos que ilustraban los libros de historia.

- ¿Entiendes ahora lo que quería decirte?- Las palabras de su amigo se sobresaltaron.

- Sí, ¿cómo has encontrado este lugar?- Respondió y preguntó , sin dejar de mirar aquellos seres vivos que crecían del suelo.

- Mis padres solían traerme aquí, ya sabes, antes de que el Capitolio prohibiese cualquier tipo de naturaleza.

Turner no podía imaginar que antes de aquella prohibición, todo el mundo viviese este tipo de escenas a diario, y no llegaba a entender cómo los altos cargos podían haber concluido en esa decisión, dejando a millones de personas morir por falta de oxígeno. Eso fue antes, claro, de la invención del oxígeno artificial. Ese que obligaba a todos los seres humanos a vivir con un tubo dentro de sus fosas nasales.

Realmente había muchas cosas que no entendía, pero lo que tenía my claro es que le encantaba eso llamado “naturaleza” y que si él pudiese volvería al pasado y se ocuparía de cuidarla para poder conservarla siempre.


Por Lorena.


UNA MINA DE ORO

No somos conscientes de lo que tenemos, solo de lo que nos falta. 
Nos damos cuenta de los maravillosos trenes que no tenemos, del fondo económico gigantesco para la educación que tampoco tenemos, o sin ir más lejos de la multitud de actividades extraescolares que hay en los pueblos y que tampoco tenemos. 
Pero si alguien se parase y mirase al frente, entonces nos daríamos cuenta de la gran mina de oro que sí tenemos.
Vivimos rodeados de un ecosistema único en el mundo que sólo se da en la península ibérica: nuestra inigualable dehesa. ¿Uno de los cielos más limpios del mundo? Los tienes por encima de tu cabeza. El río mas largo de España atraviese a tu lado, ¡quién no ha ido a pescar al Tajo! O tal vez eres más de paseo en barco. Ruta del Camino Real por Navaconcejo y Piornal ¿o solo pisamos los pueblos para ir de fiesta…? O aún mejor, ruta por la Garganta de los Infiernos; aunque para ser concretos un verdadero infierno sería vivir aquí y no tener pensado ir a visitarlo nunca.
Ah y ¿sabías que tienes un Parque Nacional a menos de una hora de tu casa? ¿Cuántas veces has ido? Contéstate y sorpréndete a ti mismo. 
He perdido la cuenta de las maravillas que he citado anteriormente pero que, si no recuerdo mal, solo son lugares. Extremadura es más que eso, más que un lugar bonito. Extremadura son las aves, los mamíferos, los reptiles, los arboles, los matorrales e incluso un simple arbusto.
¿Cuántos lirones crees que ha visto al que solo le importaba ver una empresa encima de nuestras tierras?, bajen sus apuestas. 
¿Y tú? ¿Alguna vez te has parado a observar la jara pringosa, el lirio lusitano, tal vez nuestra amiga la encina que nos acompaña de paseo por todos los campos de Extremadura? o a lo mejor te has parado a ver una seta que en realidad era un hongo pero que nunca sabremos cual de las dos era porque nunca nos han hablado de ello.
Y ahora deja de mirar al suelo y levanta la vista. ¡Un águila imperial! ¿o era un buitre leonado? 
Amigo mío, te vendría bien una buena charla sobre rapaces. 
Y después de haber recorrido nuestras tierras pasando por tierra, agua y aire solo me queda decirte que si tuviese que resumir esto en una línea te diría que: Nuestra reserva de la biosfera es una gran mina de oro pero que los mineros que la escavan solo buscan plata, porque el oro les queda demasiado grande.


Por Inés



EL PASO DEL TIEMPO


Estaba amaneciendo, la niebla lo tapaba todo, el silencio de la noche llegaba a su fin. 

Se empezaba a oír el sonido del los pájaros: jilgueros, verderones y alondras. Observé encima de mí unos buitres volando en círculos buscando comida y una cigüeña negra que sobrevolaba el puente con una rama en su pico para seguir construyendo su nido. 

Frente a mí había una familia de topillos cabrera que roían una bellota ... 

Para mi todos los días son iguales pero qué maravilla estar aquí rodeado de los míos .... Nuestra vida es corta pero somos únicos Lirio Lusitano (Lirio amarillo)


Por Adrián.

lunes, 9 de noviembre de 2020

Un premio de poesía

  El extremeño Diego Doncel gana el Premio de Poesía Loewe 2020.

El  XXXIII Premio Internacional de Poesía FUNDACIÓN LOEWE ha recaído en La Fragilidad’, libro cuyo Jurado ha afirmado es “sólido y compacto, tanto en el fondo como en la forma” 

Según Jaime Siles, en La Fragilidad "no hay poema que falte ni que sobre. Es un poemario absoluto, total, de una admirable madurez vital y expresiva. Confiere una voz profunda con una cosmovisión personal singular y propia que expone una teoría de la vida y que humaniza su dicción al mostrarnos el espectáculo que la civilización actual rehúye y no quiere ver, el dolor y la muerte, y lo hace de una posición abierta a la solidaridad de la esperanza".

Este autor, nacido en Malpartida de Cáceres en 1964 , es poeta, novelista y articulista, y reside en Madrid. Ya fue galardonado con el Premio Adonais en 1990, así como el Premio Tiflos de la Fundación Telefónica y el Premio Diálogo de Culturas en 2015; su poesía ha sido traducida al inglés, francés, italiano, portugués y chino.

Desde el IES San Pedro de Alcántara nos sumamos a las felicitaciones y nos alegramos de su premio.

Y animamos a nuestros alumnos a que descubran a este poeta para quien escribir significa «darle sentido al día y al tiempo». 

Tenemos libros del autor en la biblioteca.


            

HACIA LA FELICIDAD

Oye, desde tu muerte, el rumor del jardín
en esta tarde de junio, las flores suspendidas
en las fotos de los turistas, la transparencia
de los brotes como el tejido transparente
que cubre las piernas de esa chica,
toda esta geometría de la fragilidad.

El verano está ebrio porque no ha dejado de beber
desde primeras horas de la mañana. Va feliz
por las mesas de los bares o picotea en el agua
de la fuente un rectángulo de luz.

No hay ninguna arruga en el océano, ninguna huella del tiempo,
solo una superficie lisa en la que flotan, ingrávidos,
los barcos y los bañistas. Una mujer con un bikini celeste
sale chorreando la materia color caramelo
del agua, y va a donde tiene amontonada su ropa.
La playa huele a crema bronceadora, a marihuana,
a la cerveza de la claridad. La vida muere en una ola
y nace en la ola que se aproxima.
No es posible ningún pensamiento, solo este acontecer
diáfano de los sentidos, esta suspensión del yo.
Tal vez te moriste para que el dolor me haya traído
de nuevo hasta aquí, para encontrar de esta forma la felicidad.

La calma que nunca tuve se tiende ahora
sobre las superficies de las toallas, la pasión vuelve a volar
como un pájaro marino por los cristales de unas gafas de sol.

Viví tan lleno de miedo que no tenía refugio,
temí y destruí lo que debía amar. La muerte ensucia
lo que más se quiere, como los perros y los insomnios.

Pero solo quien conoce el agua y la tierra
sabe que guardan el secreto de la germinación.

Las huellas están detenidas en la arena mirando el horizonte.
La brisa empieza a quitarle ya el polvo al océano
para que pronto luzcan las estrellas.

Los libros están en silencio bajo las sombrillas, esperando.

Todo espera porque entre tú y yo puede haber noche pero nunca muerte,
puede haber lejanía pero nunca ausencia.
Este trozo de mar me lo enseñaste tú.

La sabiduría nos lleva a la infancia.    

martes, 3 de noviembre de 2020

¿Buscas un libro para leer ?

“Quisiera salvar aquella ternura, la ternura con que mi madre me ayudaba a hacer la maleta cuando me marchaba de Barbastro a Zaragoza en aquellos años, en 1980, en 1981, en 1982, las cosas que me ponía dentro de la maleta, cómo me ayudaba con la ropa, cómo me ponía comida en unos tarros de cristal, y yo luego me quedaba mirando todo aquello y me vencía el desamparo.”

― Manuel Vilas, Ordesa

 

Estos días de noviembre os traemos una novela distinta a todas las que has leído. Su autor, Manuel Vilas la ha definido su novela como "una carta de amor" a sus padres. También ha reconocido haber hecho "un retrato de la clase media baja" de finales de los años 60 en España.


Ordesa es una novela original, emotiva y especial. Ordesa, como símbolo del encuentro con uno mismo, el autoconocimiento y la comprensión de un pasado y un presente necesarios para la sanación, si fuera posible, de la culpa.

Ordesa y  Monte Perdido es el valle donde, de niño, el narrador compartió un momento de vacaciones con su familia. Un paisaje de una hermosura natural hiriente. 

Manuel Vilas escribe un libro sobre sus padres, la muerte de ambos, la relación con ellos, la marcha del hogar y el desmoronamiento de su relación matrimonial. solo queda el débil vínculo con sus hijos.


La novela es una aceptación del todo, los bonitos recuerdos, la pobreza, la putrefacción de la carne, la entrada de luz por la ventana, el alcoholismo, la ruptura de la cercanía con la familia… Y, al final, todo es vacuidad y todo es acercamiento a la muerte.


Esta es una interpretación muy particular de una novela, que como digo es diferente y hasta difícil de clasificar.

Quizá Manuel Vilas pretende justamente eso: ayudarnos a mirarnos dentro mientras sentimos su dolor y su alegría. Y de ahí, cada uno su lectura.

Esta novela puede encontrarla en Librarium. Te tocará el alma.

Si quieres conocer un poquito más:


miércoles, 28 de octubre de 2020

Louise Glück gana el premio Nobel de Literatura 2020

 PARÁBOLA DE LA BESTIA

El gato circula por la cocina

con el pájaro muerto,

su nueva posesión.

 

Alguien debería debatir sobre

ética con el gato, mientras investiga

el asunto ese del pájaro cojo:

 

en esta casa

no experimentamos

la voluntad así.

 

Dile eso al animal,

sus dientes ya hincados

en la carne de otro animal.

El  poema pertenece a Meadowland .

La Academia Sueca premia a una poeta de lo cotidiano, que desmenuza sus sentimientos y la vida sencilla. Se  le concedió «por su inconfundible voz poética que, con una belleza austera, hace universal la existencia individual».


Profesora de inglés en la universidad de Yale y galardonada con varios reconocimientos de prestigio, entre ellos el Pulitzer por El iris salvaje (1992), el National Book Award por Faithful and Virtuous Night (2014), ha publicado 12 libros de poemas.

Louise Glück no tuvo una infancia feliz, tampoco lo fue su adolescencia. Al acoso escolar se le añadía la presencia opresiva y asfixiante de su madre y los trastornos alimenticios que sufrió, que la llevaron a estar siete años en tratamiento psiquiátrico. Si el mundo clásico le ofreció las imágenes universales para saberse contar, fue el psicoanálisis el que le mostró el camino para pensar el yo, para entender aquellas nociones que habían sido un shock para ella, como la mortalidad, que descubrió de niña.


Con el tema del paso del tiempo, el dolor, la desilusión, el trauma y el desamor, hablando de su hermano, su padre o su marido habla de nosotros porque Louise Glück tiene esa capacidad de universalización que define a los poetas grandes.



«Al final del sufrimiento /me esperaba una puerta»



 «Simplemente supimos que no es propio de la naturaleza humana amar sólo aquello que nos devuelve amor».