La frase del mes.

Augusto Monterroso (1921-2003), guatemalteco de nación y mexicano de adopción (pues fue en México donde vivió la mayor parte de su vida como exiliado político desde 1944), brilla dentro del panorama de las letras hispanoamericanas del siglo XX como creador del microrrelato, considerado como el género más breve de la literatura. Autor de vocación autodidacta que abandonó los estudios para dedicarse a la lectura de los clásicos -entre los cuales Cervantes tuvo un lugar destacado y muy rastreable en su creación literaria-, entre esporádicas incursiones en el periodismo se decantó por el cultivo del cuento y la fábula, publicando en 1959 Obras completas (y otros cuentos), su primer libro, que lo daría a conocer internacionalmente sobre todo por el microrrelato «El dinosaurio», que pasa por ser el más breve de la literatura hispanoamericana (y seguramente universal) y que hoy traemos aquí como nuestra frase del mes:
"
"Cuando despertó, el dinosaurio todavía estaba allí".
Esta diminuta fábula, concisa como un aforismo pero inquietante como un relato de Poe o de Lovecraft, ha recibido toda suerte de alabanzas y también ha suscitado interpretaciones para todos los gustos. De manera que dejamos al lector que extraiga la suya propia, sin resistirnos, por supuesto, a exponer aquí la nuestra, que apunta a la idea de que nuestras preocupaciones y nuestros fantasmas no dejan de existir porque nos refugiemos en el sueño, y seguirán ahí, al acecho, esperando nuestro despertar, mientras no nos decidamos a hacerles frente y desterrarlos para siempre. Recomendamos la lectura de Monterroso, fácil por su brevedad e inteligente por su contenido, tanto de la mencionada obra como de las posteriores La oveja negra y demás fábulas (1969), Movimiento perpetuo (1972), su única novela Lo demás es silencio (La vida y la obra de Eduardo Torres) (1978), La letra e. Fragmentos de un diario (1987), Antología del cuento triste (1992) o su peculiar autobiografía incompleta Los buscadores de oro (1993). Su trayectoria literaria fue reconocida con la concesión en 2000 del Premio Príncipe de Asturias de las Letras.

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