sábado, 30 de noviembre de 2013

La frase del mes.

Quinto HORACIO Flaco, poeta lírico y satírico romano (Venusia 65 a.C.- Roma 8 a.C.), es uno de esos nombres que las letras latinas han consagrado como clásico en la literatura universal, pues su fecunda sombra se ha proyectado en toda la tradición literaria posterior hasta nuestros días. Nació y vivió sus primeros años en los turbios años finales de la República romana -a cuyo agitado devenir, como hijo de su tiempo, no se pudo sustraer- y vio nacer el nuevo régimen imperial, acogiéndose a la protección del círculo artístico promovido por Cayo Mecenas, amigo y asesor del primer emperador César Augusto (Octaviano). Su obra poética se nos ha transmitido bajo los títulos de Sátiras, Épodos, Odas y EpístolasVida y obra de HORACIO.
Horacio poeta sentó también las bases de buena parte de la literatura posterior en una de sus Epístolas, la Epistula ad Pisones, más conocida como Ars Poetica ("Arte Poética"), en la que definió la finalidad de toda creación literaria: Aut prodesse volunt aut delectare poetae ("Los poetas pretenden tanto agradar como ser útiles").  Pero Horacio poeta ha pasado a la posteridad sobre todo por ser el padre de tópicos (lugares comunes) literarios tan célebres como el beatus ille ("dichoso aquel que..."), elogio de la vida rural frente a la urbana, la aurea mediocritas ("dorada medianía" -que no "mediocridad"-), alabanza en tono epicúreo de la vida tranquila sin afán por destacar, y tal vez el más universal de ellos: el carpe diem ("toma el día" = aprovecha el momento); reconocibles todos ellos inequívocamente en autores posteriores de la talla de nuestros Fray Luis de León o Garcilaso de la Vega (entre muchos otros).

Traemos hoy aquí, como frase del mes -pero frontera entre estos dos meses de noviembre y diciembre-, este último tópico del carpe diem, adagio culto que ha trascendido del libro para pasar a formar parte de la cultura popular (tanto es así que lo podemos encontrar rotulado en carpetas, garabateado en paredes o tatuado en brazos) por ser una invitación directa a gozar del momento presente puesto que la fugacidad y lo imprevisible de la vida humana no invitan a confiar en el futuro más de lo necesario; el verso original horaciano reza así:

CARPE DIEM, QVAM MINIMVM CREDVLA POSTERO

Que podríamos traducir como: "Goza de este día, confiando lo mínimo en el que ha de venir". Sírvanos este pensamiento -formulado hace dos milenios, pero cuya vigencia se mantendrá con la humanidad- para afrontar con alegría estas fechas de celebraciones que se nos avecinan: como dice el sentir popular, a vivir que son dos días y uno está nublado.

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