viernes, 11 de noviembre de 2016

PROMETEO, o el antiguo Frankenstein.

Portada de Frankenstein, o el moderno Prometeo, de Mary Shelley, publicada en 1818.

Cuando la británica MARY SHELLEY (1797-1851) concibió su gótica novela Frankenstein; or, The Modern Prometheus ("Frankenstein, o el moderno Prometeo"), corría el verano de 1816, temporada que ella y su marido, el poeta romántico Percy B. Shelley, pasaron en Suiza en compañía de John W. Polidori y del no menos romántico Lord Byron; circunstancia esta inmortalizada en el cine por la película Remando al viento (Gonzalo Suárez, 1987). La sólida formación clásica recibida en las escuelas y universidades británicas tuvo su reflejo en esta interpretación personal y moderna que hace Shelley del antiguo mito de PROMETEO, el titán que intentó desafiar a los dioses para favorecer a la humanidad.
Copa laconia de figuras negras (530 a.C.): Atlas con la serpiente de las Hespérides, sosteniendo el cielo sobre sus hombros, y Prometeo encadenado al Cáucaso con el ave rapaz devorando sus entrañas, que se regeneran cada día para volver a ser devoradas al día siguiente. Castigo decretado por Zeus por haber robado el fuego divino para dárselo a la humanidad.
Prometeo burla a los dioses -y a Zeus en particular- reservando en el sacrificio la mejor parte de las víctimas para los hombres: la carne, dejando para los dioses la grasa y los huesos. Prometeo vuelve a burlar a los dioses -y a Zeus especialmente- robándoles el fuego para llevárselo a los mortales prendido en una cañaheja. La cólera de Zeus no se hace esperar, y el rey de los dioses maquina su venganza en forma de seductora figura con la que los hombres abrazarán con gusto la fuente de su propia desgracia: PANDORA y su Caja o Jarra llena de males.
Pandora, de Jules J. Lefebvre.
"... ordenó [Zeus] al muy ilustre Hefesto mezclar cuanto antes tierra con agua, infundirle voz y vida humana y hacer una linda y encantadora figura de doncella semejante en rostro a las diosas inmortales. Luego encargó a Atenea que le enseñara sus labores, a tejer la tela de finos encajes. A la dorada Afrodita le mandó rodear su cabeza de gracia, irresistible sensualidad y halagos cautivadores; y a Hermes, el mensajero Argifonte, le encargó dotarle de una mente cínica y un carácter voluble. [...] aquella mujer, al quitar con sus manos la enorme tapa de la jarra, dejó a los males diseminarse y procuró a los hombres lamentables inquietudes". HESÍODO, Los trabajos y los días.
Prometeo, robando el fuego a los dioses. Jan Cossiers (1600-1671). Museo del Prado.

Audacia de Prometeo en su relación con los dioses para favorecer a la humanidad en sus primeros pasos; audacia del protagonista de la novela de Mary Shelley que pretende arrebatar al Dios cristiano el fuego sagrado de la vida, creando un ser a partir de la muerte.
Portada de una edición contemporánea de la novela de Mary Shelley.


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