lunes, 12 de diciembre de 2016

Cielo abajo, Fernando Marías

Cielo abajo, de Fernando Marías, fue publicada en 2005 y obtuvo el II Premio Anaya de Literatura Infantil y Juvenil y también el Premio Nacional de Literatura Infantil y Juvenil en el 2006. Sin embargo, catalogar esta novela como Juvenil es reducirla y acotarla demasiado. Como el mismo autor señaló en una entrevista: “ Siempre digo que mis novelas juveniles son en realidad para todos los públicos, así deberían denominarse. Cielo abajo, en efecto, pueden leerla los adultos, y de hecho hay muchos adultos que me han expresado su pasión por el libro”

La novela presenta una estructura bien trabajada, ya que en ella se mezclan dos voces narrativas (la de un escritor que se siente fracasado y la de un hombre de identidad suplantada, Joaquín Dechén) y dos mundos, el de ahora y el de 1936, con la guerra civil como trasfondo, para acabar concluyendo todo en una única acción.
Cada capítulo pertenece a una de las voces, quedando así la acción interrumpida y ofreciendo al lector las dosis de suspense necesarias para que no quiera dejar de leer.
La prosa profunda pero sencilla de este libro poco a poco te va envolviendo y casi sin darte cuenta acabas atrapado en su historia. En las primeras páginas de la novela podemos leer una frase tan sugerente como esta: “Mil voces desconocidas, con su silencio legítimamente indiferente, me recordaban que nunca lograría ser escritor. Las olas, calladas y recias, insoslayables. Los sueños son de agua, pero el fracaso tien puerta. La abres, la cruzas, la cierras a tu espalda. Y das el siguiente paso, titubeante, abrumado, incrédulo.Asustado y solo”.

Este escritor sin éxito acaba de aceptar un trabajo que le ha proporcionado su amigo: pintar y decorar un piso. Y al raspar en la pared con una espátula aparecieron unas letras “Constanza 7/11/36”.
(Constanza será pieza clave en esta novela, una mujer grande y singular, a la que apenas se describe explícitamente, pero en la que observamos tras los ojos de Joaquín un fuerza arrolladora a pesar de sufrir los daños de la guerra).
A contiunuación, el cartero llama al timbre y lleva un paquete con el nombre de Joaquín Dechén. Este paquete contenía un libro y el escritor -pintor, no podrá resistir a la tentación de abrirlo para leer “solo” un poco.
Aquí nos encontramos con el recurso harto conocido del manuscrito dentro de la novela:
La historia que se contaba allí era la de un joven huérfano abocado a la vida religiosa por imposición pero que cambió su personalidad, y así su destino, con otro joven al que las circunstancias lo llevaban a ser militar y detestaba tal cosa. Así Javier Álvarez pasó a ser Joaquín Dechén e ingresó en la academia militar de Ávila. Allí cada vez estaba más cerca de su sueño: ser aviador.
Y acabó lográndolo al lado de Cortés, su maestro y amigo íntimo después.
Eran los años de la guerra civil y Cortés pertenecía al bando de los nacionales, hecho que lo había enemistado y distanciado del que fuera su amigo Ramiro.
La confianza entre Joaquín y Cortés crecía a la par que fue naciendo la amistad. Y un día, Cortés le pide que se vaya de espía a un piso de Atocha.
Allí tenía una labor importante que hacer, fingirse del bando contrario y comunicar todo lo que sabía y se iba confabulando en ese piso de Atocha donde vivían Ramiro y Constanza, que esperaba un niño. 
Joaquín y Constanza enseguida conectaron y tenían una complicidad y confianza muy bonita y sincera. O, al menos, en parte, porque cada noche Joaquín salía a la terraza para hablar en el lenguaje de la luz con Cortés que estaba volando encima suyo, y le explicaba todas la conversaciones y todo lo que se tramaba en ese piso.

Esta acción continúa avanzando y complicándose, a la vez que la cruel guerra vomita muertes y terror.
Joaquín es un personaje complejo, forzado por las circunstancias a pertenecer al bando nacional y movido por lo mismo a fingirse republicano. Su vida será una encrucijada y sus pensamiento no le dan descanso ya que está traicionando tanto a Ramiro como a Cortés. Pero no solo eso, también se traiciona así mismo porque se niega a reconocer sus sentimientos y su creciente y silencioso amor por Constanza.
Pero lo interesante es que el personaje de esta historia, Joaquín, es también el dueño del piso y del libro que acaba de llegar. Y al entrar prguntando si ha llegado un paquete que espera las dos historias se funden en una.
Los dos personajes van construyendo otro argumento no ajeno a la historia que se cuenta en el libro de Dechén, principalmente porque aparece Constanza, la tercera Constanza, la hija de la hija de Constanza.
Y toda esta aventura vivida por el escritor-pintor será la idea esencial para convertir esta historia en un libro que empezaría con las palabras de Joaquín : “los sueños son de agua. Flotas en ellos pero los puedes agarrar”
La hondura psicológica de los personajes y esa prosa suave y delicada bien consiguen apretar tu garganta y hacerte sentir al borde del precipicio de las honda emoción.
Terminas el libro conmovido: por la crítica que se hace de las guerras (en este caso la Civil española); por ese homenaje tácito a los que lucharon en ellas; por los valores que se van desgranando, la lealtad, el compromiso; por la importancia de tener ilusiones y luchar por ellas; por ese destino que arrastra a las personas y a los sueños que se tienen y porque a veces lo bonito de los sueños es justamente eso no poder agarrarlos. 
Lo hermoso, lo que amamos,
tú sabes que es un sueño y que por eso
es más hermoso aún para nosotros.” Cernuda.


( Mónica)

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