lunes, 22 de marzo de 2010

Nos visita Jesús Sánchez Adalid


BIOGRAFÍA.

Nació en Don Benito (Badajoz), aunque pasó su infancia en Villanueva de la Serena. Ha cursado estudios de derecho en la Universidad de Extremadura y se doctoró en la Complutense, de Madrid. Es licenciado también en derecho canónigo por la U. Pontificia de Salamanca, y tiene estudios de filosofía y teología. Ejerce como sacerdote en Alange, en Badajoz.

OBRA.


Su labor apostólica la comparte con su pasión por la literatura, a la que lleva dedicándose durante mucho tiempo.

En 1998 escribió “La fuente de Atenor”, con la cual fue finalista del premio Felipe Trigo. En novelas posteriores ya va perfilando su estilo:”La luz del Oriente y “El mozárabe” fueron acogidas con gran entusiasmo por la crítica y los lectores. En ambas, el autor comienza a desplegar su prosa, bien documentada, y a interesar por conflictos sabiamente manejados.

En “Félix de Lusitania” retoma al protagonista de “La luz del Oriente”. También destacan en su producción “La tierra sin mal”, “El cautivo” y “La sublime puerta”.

En 2006 publicó “En compañía del sol”, para conmemorar los 500 años de la muerte de San Francisco Javier. Describe la gesta del fundador de la compañía de Jesús, en el marco de la España de Carlos V.

Sánchez Adalid nos presenta a un personaje lleno de vitalidad, que no se arredra ante nada con tal de llegar a sus metas. Para ello hace un despliegue de información y de documentación, presentándonos al protagonista, desde sus estudios universitarios en París, hasta sus más trepidantes viajes por mares desconocidos, salvando peligros y conociendo a diferentes pueblos de oriente, con el afán de cristianizarlos.

En 2007 publica el “Alma de la ciudad”, en la cual recrea los avatares de ciudades recién conquistadas por Alfonso VIII, en su guerra contra los almohades, como Coria y Plasencia, que aparece con el seudónimo de Ambrosía.

En la página 241 del libro describe así la ciudad:

Era la otra visión de Ambrosía, la que se encontraba a espaldas de aquella con la que yo solía deleitarme. Hacia poniente, las murallas eran más perfectas, de piedra tallada; los adarves discurrían ordenadamente; los palacios se alzaban austeros, pero hermosos, con saledizas rejas de forja y blasones en las fachadas; los tejados, nuevos, mostraban ángulos limpios, y las chimeneas, altas, soltaban hilillos de humo blanco a los cielos. A esa hora, un convento llamaba al rezo de vísperas con el tintineo de una campana, que fue secundado en seguida por el tañer sonoro, lento y largo en el majestuoso campanario de la catedral, tan próxima. Las palomas alzaron entonces el vuelo y formaron un bando que buscó las alturas y fue a posarse en la inmensa torre de la ciudadela, que parecía un gigante poderoso que vigilaba estático la paz de las ciudades. Y más allá, detrás de los baluartes, los campos; los majuelos tan verdes, los olivares, los almendros, los frutales; y más lejos aún, los montes umbríos donde blanqueaban todavía las nieves”.

Teniendo como telón de fondo este ambiente abigarrado de culturas- la cristiana, la hebraica y la árabe-, se describen las experiencias del joven Blasco Jiménez, la mano derecha del primer obispo que funda Ambrosía. A lo largo de la obra se debate entre dudas acerca del rumbo que debe tomar su vida: no sabe si continuar en la ciudad o buscar su propia libertad. Al final consigue resolverlas, después de pasar por la Escuela de Toledo, cuando ya se encuentra en Coria. En ese lugar hallará una explicación a su vida.

Por esta obra recibió el premio nacional “Fernando Lara” de novela.

El CABALLERO DE ALCÁNTARA.

Es su última obra, publicada en 2008.


La acción se sitúa en el reinado de Felipe II, cuando España era dueña de media Europa. La influencia del monarca era enorme, y la corte también, un lugar propicio para toda clase de conspiradores y traidores, que no veían con buenos ojos el inmenso poder del monarca.

Con ese marco de inquietudes de fondo, en 1568 se suceden una serie de episodios fúnebres: muere en Segovia su hijo, el príncipe Carlos, heredero del trono y, poco después su esposa Isabel de Valois. El autor, por boca de Luis María de Monroy, nos lo relata:

Desenrolló frey Miguel de Siles el pliego real y, con temblorosa voz, lo leyó de corrido:

Reverendo y devoto padre prior del convento de San Benito de la Orden de Alcántara, cuya administración perpetua yo tengo por autoridad apostólica.

Sábado que se contaron 24 de este mes de julio antes del día, fue Nuestro Señor servido de llevar para sí el serenísimo príncipe don Carlos, mi muy caro y muy amado hijo, habiendo recibido tres días antes los Santos Sacramentos con gran devoción...”

También se añaden acontecimientos que no presagian cosa buena: los conflictos en Flandes crecen, los turcos amenazan el mediterráneo y los moriscos de Granada se rebelan contra el poder del rey. El panorama es desolador, pero el Rey se crece ante las dificultades, dispuesto a afrontar esos problemas. Siguiendo los consejos de sus secretarios decide utilizar un arma mucho más potente y devastadora que la propia guerra: el espionaje. Pero debe hacerlo con precaución, pues existen redes de agentes dobles que pueden al traste con la misión. Para ello, se encomienda a las órdenes militares, llenas de caballeros capaces de dar la vida por su rey. Acude a las órdenes de Alcántara y de Malta, respectivamente. El autor nos presenta a dos jóvenes caballeros, que serán los encargados de cumplir la misión: Luis maría Monroy, caballero de Alcántara, y Juan Barelli, de la orden de Malta.

Al primero le da la noticia su padre Prior. Él se debate entre dudas:

-Dígame de qué se trata padre prior- le rogué ansioso-. Me muero por saberlo.

Ojalá pudiera decírtelo en este momento¡-exclamó un tanto azorado-. Y esa es la pena, pues ni yo mismo lo sé...”

Después de despedirse de los suyos, parten en misión secreta hacia Oriente. Harán escalas en dos grandes ciudades: Venecia y Sicilia, antes de llegar al lejano Estambul, donde les están esperando multitud de aventuras.

Así es Venecia, según el joven Luis:

La visión parecía surgir de la bruma, como una suerte de fantasía. Las torres, cúpulas y casas brotaban de las mismas aguas, como si flotaran en la superficie, a modo de una inmensa balsa sobre la cual se sustentara la ciudad. No creo que haya un lugar más extraño en el mundo.”

En su viaje, plagado de peligros y aventuras, el joven encuentra el amor. Será para él una experiencia única, que no mermará sus ansias de servir al rey, concluyendo felizmente su misión:

Una mañana de Junio pletórica de luz, me desperté con el único deseo de ir a ver a Levana. Aunque ahora me resultaba difícil tener que confesarlo, por entonces me encontraba embrujado por esa indolencia que afecta a quienes están enamorados, lo cual les lleva a sentir que lo que les sucede es único en el mundo, mientras que todo lo demás pierde su valor. Al llegar a la casa de Isaac Onkenaira mi embebecimiento alcanzó el colmo cuando ella me abrió la puerta. Estaba sonriente, con enigmática expresión y un brillo especial en la mirada. Me pareció que me aguardaba, aunque no solía yo acudir a esa hora. La abracé.”

Sánchez Adalid va tejiendo el entramado de la obra con descripciones de lugares, muy bien documentados. Al mismo tiempo, la creación de situaciones y de personajes confiere a la obra una sensación de realidad, de historia vivida. Y en ella nos adentramos, disfrutando con el protagonista de todo su viaje vital, a través de lugares desconocidos, pero que, de la mano del autor, parecen cotidianos y próximos.

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